La pluma danza en este trozo de papel cual bailarina sintiéndose la bella Odette y la tierna Aurora, porque así recuerdo como en mis sueños se me presentan esas ninfas danzarinas y me hacen sentir que eso soy: Una princesa.
Recuerdo que la primera vez que quise ser princesa lo logré: tenía ocho años y me vistieron de Bella, de la Bella y la Bestia. Francamente me sentía una princesa, aunque fuera por un momento, unos segundos, pero fueron los momentos mas preciosos de mi vida y que atesoro en mi corazón. Curiosamente, nunca más volví a sentirme princesa, porque la cruda realidad me demostró que en lugar de princesa, sería Simone de Beauvoire, luchando por la igualdad y llevando una pésima relación con el Sexo Opuesto (Aun señalando, que creo, sin ellos, no podría vivir). El ser una pequeña imitación andariega de Simone, me ha llevado a ganarme el apelativo de Rara, diferente, Inteligente y demasiado madura y casi inalcanzable, o, más aun, frases como: "no es bonita, nunca lo será, pero qué cabeza de esta mujer", u otras más simpáticas como "Hija, la belleza nunca es eterna, mientras que tu inteligencia sí, por lo tanto, el hombre que quiera estar contigo, sabrá que podrá pararse en cualquier lado junto a tí", y cosas de ese estilo que me han llevado a un celibato obligado, luego de casi pisar el altar, segundos antes, creyéndome el cuento de Hadas y todas esas cosas. Lo más triste es que, aun cuando la cabeza puede razonar, el corazón no manda, lo que es peor, porque cuando está de que te enamores, te enamoras y no hay quien pueda sacarte eso. Pues bien, ESTOY EN ESE PROCESO, Y TENGO PÁNICO. Ahora, ¿Por qué tengo pánico? primero, el hombre que me gusta, es el típico galancete de cuarta, y digo de cuarta, porque sabe muy bien cómo conquistar a las mujeres. segundo, es un amante por excelencia de aquellas barbies hermosas que sí pintan para princesas, que son todo lo que yo no soy: bellas, señoritas, hablan lo justo y necesario, y saben que alrededor de ellas existe una aureola hermosa que invita a los hombres a caer rendidos a sus pies. Tercero, no hay comparación entre ella y yo: Según él, es hermosa, es inteligente y la mujer de sus sueños. Curioso, porque mientras lo escucho, me veo a mi sufriendo con dagas en este corazón un poco maltrecho, que anda por ahí aprendiendo a ser sola. Y por consiguiente, mi cruda realidad es seguir siendo la amiga y consejera, olvidándome de que, cada sueño que tengo con él me hace creer que era el hombre, no ideal, pero aquel con el que podía compartir casi la mitad de mis excéntricos gustos. Bueno, toda esta situación me ha llevado a volver a mi antiguos sueños, pensar en irme, y en buscar mi terruño, pensando que no pinto para esta ciudad ni este país. Dentro de mis elecciones está mi querido Brasil, místico y verde, sabroso y alegre, que me llena de encanto con su música y que vive la vida de la forma Bohemia, tal como a mi me gusta. Por otra parte, esta Viena, la tierra de Sissi y Romy Schneider, de Strauss y sus valses, esa tierra donde la cultura se vive a borbotones y donde Celine, la musa de "before sunset", le dice al joven e hiperkinetico Jess que Dios se encuentra en el medio de las conversaciones, donde se realiza la intimidad de dos personas. Esa Viena soberbia y hermosa también me invita a irme y decir, he ahí mi lugar, he ahí mi terruño. Finalmente la querida venecia, que solo me acuerdo de ella por la dolce Vita, en un sentido figurado, Italia, me supone una fuerza interna de deseo y placer incontenible...
Y me quedo ahí, helada en mis sueños, y me digo nuevamente, vuelve a la realidad, porque tu lugar es el aquí y el ahora...
Recuerdo que la primera vez que quise ser princesa lo logré: tenía ocho años y me vistieron de Bella, de la Bella y la Bestia. Francamente me sentía una princesa, aunque fuera por un momento, unos segundos, pero fueron los momentos mas preciosos de mi vida y que atesoro en mi corazón. Curiosamente, nunca más volví a sentirme princesa, porque la cruda realidad me demostró que en lugar de princesa, sería Simone de Beauvoire, luchando por la igualdad y llevando una pésima relación con el Sexo Opuesto (Aun señalando, que creo, sin ellos, no podría vivir). El ser una pequeña imitación andariega de Simone, me ha llevado a ganarme el apelativo de Rara, diferente, Inteligente y demasiado madura y casi inalcanzable, o, más aun, frases como: "no es bonita, nunca lo será, pero qué cabeza de esta mujer", u otras más simpáticas como "Hija, la belleza nunca es eterna, mientras que tu inteligencia sí, por lo tanto, el hombre que quiera estar contigo, sabrá que podrá pararse en cualquier lado junto a tí", y cosas de ese estilo que me han llevado a un celibato obligado, luego de casi pisar el altar, segundos antes, creyéndome el cuento de Hadas y todas esas cosas. Lo más triste es que, aun cuando la cabeza puede razonar, el corazón no manda, lo que es peor, porque cuando está de que te enamores, te enamoras y no hay quien pueda sacarte eso. Pues bien, ESTOY EN ESE PROCESO, Y TENGO PÁNICO. Ahora, ¿Por qué tengo pánico? primero, el hombre que me gusta, es el típico galancete de cuarta, y digo de cuarta, porque sabe muy bien cómo conquistar a las mujeres. segundo, es un amante por excelencia de aquellas barbies hermosas que sí pintan para princesas, que son todo lo que yo no soy: bellas, señoritas, hablan lo justo y necesario, y saben que alrededor de ellas existe una aureola hermosa que invita a los hombres a caer rendidos a sus pies. Tercero, no hay comparación entre ella y yo: Según él, es hermosa, es inteligente y la mujer de sus sueños. Curioso, porque mientras lo escucho, me veo a mi sufriendo con dagas en este corazón un poco maltrecho, que anda por ahí aprendiendo a ser sola. Y por consiguiente, mi cruda realidad es seguir siendo la amiga y consejera, olvidándome de que, cada sueño que tengo con él me hace creer que era el hombre, no ideal, pero aquel con el que podía compartir casi la mitad de mis excéntricos gustos. Bueno, toda esta situación me ha llevado a volver a mi antiguos sueños, pensar en irme, y en buscar mi terruño, pensando que no pinto para esta ciudad ni este país. Dentro de mis elecciones está mi querido Brasil, místico y verde, sabroso y alegre, que me llena de encanto con su música y que vive la vida de la forma Bohemia, tal como a mi me gusta. Por otra parte, esta Viena, la tierra de Sissi y Romy Schneider, de Strauss y sus valses, esa tierra donde la cultura se vive a borbotones y donde Celine, la musa de "before sunset", le dice al joven e hiperkinetico Jess que Dios se encuentra en el medio de las conversaciones, donde se realiza la intimidad de dos personas. Esa Viena soberbia y hermosa también me invita a irme y decir, he ahí mi lugar, he ahí mi terruño. Finalmente la querida venecia, que solo me acuerdo de ella por la dolce Vita, en un sentido figurado, Italia, me supone una fuerza interna de deseo y placer incontenible...
Y me quedo ahí, helada en mis sueños, y me digo nuevamente, vuelve a la realidad, porque tu lugar es el aquí y el ahora...

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